
Vamos a hablar de una materia absolutamente trascendental en la vida política y social de nuestra ciudad en aquel convulso siglo XIX, y que cambiaría para siempre el estado de la cuestión eclesiástica y conventual en Ronda.
Mendizábal, representante del ala progresista liberal, llegó al gobierno en un contexto de insurrecciones urbanas para acelerar las reformas legales que desmontaran la estructura del absolutismo. La desamortización, que explicaremos, no solo buscaba dinero, sino crear una masa de propietarios burgueses cuyo interés económico estuviera ligado a la victoria y supervivencia del régimen liberal que para ello apoyaba a la causa Isabelina.
España vivía unos tiempos de asfixia económica, la Hacienda Pública se encontraba en Banca Rota. La deuda pública acumulada tras las Guerras Napoleónicas y las independencias hispanoamericanas amenazaba con el colapso del Estado. Mendizábal necesitaba ingresos urgentes sin recurrir a subir impuestos a una población exhausta.
En 1835 se decretó la supresión de la mayoría de los monasterios y conventos masculinos, dejando el terreno preparado para la incautación de sus bienes en 1836. El Estado expropió y subastó las tierras de la Iglesia (consideradas «manos muertas», como decimos, por no venderse ni cotizar en el mercado) para ingresar liquidez en metálico o amortizar títulos de deuda pública emitidos previamente.
Socialmente, los campesinos no se beneficiaron de las subastas públicas, ya que los lotes de tierra eran grandes y exigían pago en metálico o títulos de deuda pública, algo solo accesible, como decimos, para la burguesía y la aristocracia urbana. Muchos campesinos sufrieron el endurecimiento de las rentas por parte de los nuevos propietarios privados. con la agravante de que los centros benéficos (hospitales, asilos), que tradicionalmente acogían a los desheredados, también sufrían las consecuencias de las desamortizaciones, y la Iglesia ya no estaba en condiciones de dar limosnas. Para los desheredados la situación fue totalmente precaria, y las consecuencias no se hicieron esperar; pobreza, mendicidad, bandolerismo, contrabando (textil y tabaco). Evidentemente esto originó descontento también por parte de los sectores que se veían afectados por el contrabando, muy extendido en nuestra Serranía.