Nº 90-LA IDENTIDAD RONDEÑA (IX)

Programa Nº 90LA IDENTIDAD RONDEÑA (IX)

Y cómo no,  en este repaso general que le estamos a la Identidad Rondeña, en esta serie de programas, lógicamente hemos de tratar nuestra Comarca Natural, nuestro territorio, nuestra Serranía de. Ronda.

Ronda es la capital de la Serranía que lleva su nombre, y no se puede concebir sin ella (casi 2.000 km2), pues en este territorio concurren una serie de factores naturales e históricos que revelan la existencia de una región con unas características propias no sólo físicas o geográficas, sino sobre todo culturales y antropológicas, al ser un lugar de confluencia humana, región fronteriza o de encrucijada, entre la Andalucía mediterránea y el bajo Guadalquivir, camino más corto hacia el interior desde el estrecho de Gibraltar y abierta hacia el flujo atlántico del suroeste. A esto hay que sumar la conciencia histórica de pertenencia a un territorio común de las poblaciones que se encuentran dentro de ella. Ronda llegó a ser centro de un reino de taifa y de una cora o distrito en distintas etapas del período musulmán, así como capital del dominio benimerín en su última etapa. Tras la conquista castellana, los propios Reyes Católicos, extendieron su término. Pero el auge de este conjunto territorial, según las épocas, ha sido potenciado o amortiguado. Su aislamiento, al quedar fuera del trazado de la red viaria nacional y andaluza, sin que se haya todavía, en pleno siglo XXI, reparada tal situación, paradójicamente fortaleció la situación dominante de la capital de la Serranía, durante el siglo XX, como gran centro comercial y de servicios; pero con la proliferación progresiva en los últimos tiempos de subcomarcas administrativas, en un intento de solucionar así nuestros problemas estructurales seculares, desgajándolas del conjunto superior natural donde se engloban, ha hecho que paulatinamente se vaya perdiendo la supremacía de Ronda sobre el resto de su territorio de influencia y el sentimiento histórico de pertenencia a un lugar común pase a un segundo plano, potenciando otros más restringidos y localistas que ha conseguido no sólo que nuestra Serranía, debido a aquella absurda división provincial del ministro Burgos en 1833, se disgregara administrativamente en tres provincias, sino que en la actualidad la conformen una serie de subcomarcas con todas las bendiciones políticas, que sin duda realizarán una buena labor para potenciar el desarrollo de las mismas, pero que hace que perdamos la fuerza y entidad que por nuestra naturaleza, racionalidad e historia nos corresponde.

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