
En el anterior episodio empezamos a explicar quienes eran los monfíes, cuya primera insurrección generalizada en el antiguo reino de Granada se puso en marcha en los primeros meses de 1568.
El fenómeno monfí surge en los primeros años de ocupación castellana de la capital granadina, extendiéndose a lo largo de todo el siglo XVI, aunque tuviera su momento de mayor virulencia, como decimos, en los años inmediatamente anteriores y posteriores al levantamiento de 1568.
En lo que se refiere a su extracción social, la mayor parte de estos monfíes procedían del ámbito rural. Los moriscos más fieros e indómitos eran los que vivían en los distritos de la Alpujarra y, también, los que habitaban en los pueblos y apartadas aldeas de la Serranía de Ronda.
Los monfíes se organizaban en cuadrillas mandadas por capitanes que frecuentemente alcanzaban gran fama. Sus acciones estaban, en ocasiones, concertadas con los corsarios turcos y berberiscos, con los que se entrevistaban de noche en lugares desiertos de la costa y con los que mantenían cierto nivel de intercambios, recibiendo ellos, sobre todo, armas. Por vía marítima les llegaba también trigo y arroz.
En la Serranía de Ronda se citan, como lugares inexpugnables ocupados por los monfíes, el fuerte de Arboto y La Sauceda. Desde estos recónditos lugares salían para dar sus golpes de mano en aldeas, ventas y caminos, retornando luego sin dejar rastro. Objetivos preferentes de los monfíes eran los curas, los agentes tributarios, los oficiales de la justicia y los mercaderes; es decir, los representantes del poder feudal, de la Iglesia y del fisco.
Un jefe famoso, Antonio el Manco, a la cabeza de trescientos hombres, según dice un testigo, saquea el pueblo de Jubrique en 1572. El corregidor de Ronda anunció en 1573 que cinco capitanes monfíes, a saber: Atayfor, Jócar, el Romeruelo, el Meliche y Laceraque, querían rendirse acogiéndose a una amnistía regia. Treinta y seis monfíes entregan las armas, mientras tanto era capturado Pacheco, otro de los cabecillas famosos; pero las bandas de Laceraque y el Meliche siguen asolando los caminos de la Serranía rondeña y ocasionando numerosas muertes. La ciudad de Ronda, en 1577, tenía puesto precio de 50 ducados a la cabeza del monfí Juan Tange, alias “El Tajarillo”, que actuaba en la sierra de Júzcar.
Dos son los factores que van a contribuir a atenuar el mal crónico del bandolerismo morisco andaluz de finales del quinientos; por una parte las medidas de reinserción gubernamentales y, por otra, el desplazamiento de las bandas de Andalucía Oriental hacia otras tierras. Pero en realidad la causa principal de la reducción del bandidaje consistió en la dificultad de los monfíes en encontrar apoyo entre sus congéneres, dada la escasez de moriscos en esta zona después de las diversas expulsiones ordenadas.